Muchos profesionales estudian alemán como si fuera una asignatura del colegio: memorizan palabras, aprenden reglas y hacen ejercicios mecánicos.
Eso no basta cuando hay que ir a una entrevista, explicar un procedimiento médico o resolver un problema técnico.
Hablar alemán no es un acto de memoria, es un acto de integración.
1. Habla en voz alta lo que aprendes
Como si ya estuvieras en Alemania. Es incómodo los primeros días y después deja de serlo. La ventaja es que puedes hacerlo hoy, sin nadie enfrente y sin nivel mínimo.
2. Usa el idioma en tareas cotidianas
Escribe la lista del supermercado en alemán. Grábate dándote instrucciones. Cambia el idioma del teléfono. Son gestos pequeños que convierten cada día en horas de contacto pasivo con el idioma sin robar tiempo a nada.
3. Relaciónate con el idioma desde tus emociones
Aprende a pedir ayuda, a expresar lo que sientes, a decir que algo no te parece bien. Este es el punto que casi ningún curso cubre y el que más falta hace en la vida real.
Lo que se conecta con una emoción se recuerda. Lo que se aprende como dato se olvida.
La diferencia entre las dos formas de estudiar
Memorizar produce un alemán que existe solo mientras dura el examen. Integrar produce un alemán que aparece cuando alguien te pregunta algo por sorpresa, que es justo el momento en el que hace falta.
Contenido original de @natscholibre · Natalie Kusnik