Es una de las decisiones que más caro sale equivocar, y casi todo el mundo la toma al revés.
El error
Si haces primero la homologación y después el alemán, vas a pasar meses y gastar dinero de más.
La lógica de quien lo hace así parece razonable: adelantar el papeleo para tenerlo listo. El problema es que el reconocimiento tiene fechas de validez, exige el certificado de idioma para cerrarse y muchas veces obliga a repetir traducciones o compulsas que caducan mientras esperas a alcanzar el nivel.
Lo que pasa sin idioma, aunque tengas los papeles
Puedes tener todos los papeles listos, pero sin alemán las entrevistas no llegan y las ofertas se van.
Un expediente completo no genera llamadas por sí solo. Lo que abre la entrevista es poder sostenerla.
Lo que pasa si el orden es el correcto
Si empiezas ahora con el idioma, cuando la homologación esté lista podrás:
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Decir que sí a un trabajo mejor desde el primer momento.
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Ganar más desde el primer día, porque entras al puesto que corresponde a tu título.
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Entrar en programas que solo aceptan a quienes ya hablan el idioma.
Desde qué nivel se puede empezar el papeleo
Ella da un punto de partida concreto para no perder tiempo en ninguno de los dos frentes: desde un B1 ya puedes empezar a recolectar y preparar la documentación, mientras sigues subiendo de nivel.
Los otros dos aceleradores que menciona son aprender el idioma desde tu país, para no sumar presión financiera estando allí sin trabajar, y estudiar alemán médico estratégico en lugar de alemán general, que es lo que convierte un proceso de años en uno de meses.
La regla
Primero la llave, luego la puerta.
En la práctica los dos procesos pueden avanzar en paralelo, y ese es el escenario ideal. Lo que no funciona es el orden inverso: papeles primero, idioma después, esperando en Alemania sin poder ejercer.
Contenido original de @natscholibre · Natalie Kusnik