Cate es psicóloga y vive en Medellín. Su testimonio interesa por un detalle: no partía de cero.
El punto de partida
Llevaba aproximadamente dos años estudiando alemán en instituciones, con cursos genéricos. Es el perfil más común entre quienes llegan a Natalie: gente que ya lo intentó y que empieza a dudar de sí misma.
Lo que cambió
Todo lo que aprendí hasta el momento fue adaptado a mí, a mi forma de aprendizaje, y no sentí ninguna presión.
Y añade la frase que resume el contraste con los dos años anteriores:
Este es el momento en el que siento que estoy avanzando.
Por qué esto se repite tanto
Porque un curso general reparte el tiempo entre todo el temario y a un ritmo medio. Quien va por delante se aburre, quien va por detrás acumula huecos, y ambos concluyen que el problema es suyo.
Dos años de esa dinámica desgastan mucho más que la dificultad del idioma.
Un apunte sobre su profesión
Ella es psicóloga, no médica ni ingeniera, y eso también dice algo. La demanda alemana se concentra en sanidad e ingeniería, pero el idioma abre puertas en cualquier campo, incluido el trabajo remoto para empresas alemanas.
Contenido original de @natscholibre · Natalie Kusnik