Después de acompañar a más de mil personas, Natalie identifica siempre los mismos tres obstáculos. No son el dinero ni los papeles.
1. Creencias limitantes y miedo
La primera barrera es mental y suena así: que Alemania es un país saturado, que no hay oportunidades de trabajo, que vas a perder el tiempo, que salir de tu país solo te va a traer desgracias o que vas a pasar hambre.
La realidad que ella contrapone es concreta: Alemania tiene alta demanda de profesionales en varios sectores, alta calidad de vida y un sistema de salud y de seguridad social sólido. El miedo es comprensible, pero está construido sobre información que no corresponde a lo que el país necesita hoy.
2. La barrera del idioma
La segunda es la frase que todo el mundo repite: aprender alemán es dificilísimo.
El alemán no es un idioma difícil de aprender. Esa frase viene de personas que no tienen ninguna idea de cómo empezar un idioma.
Difícil y desconocido no son lo mismo. Lo que hace lento el proceso casi nunca es el idioma: es empezar sin método, sin saber cómo aprendes tú y sin practicar la producción desde el primer día.
3. No tener un plan de acción
La tercera es la más silenciosa: no saber cómo se migra. Sin un plan, todo el proceso aparece a la vez, en un bloque imposible, y la persona pospone durante años algo que ordenado por pasos cabe en meses.
El orden que funciona es siempre el mismo: idioma primero, homologación en paralelo desde tu país, visado como consecuencia y postulación con el perfil ya preparado.
Lo que cambia al reconocerlos
Como dice ella, si eres consciente de estas tres razones, vas a poder migrar con confianza. Son obstáculos que se resuelven con información y acompañamiento, no con suerte.
Si quieres saber en cuál de los tres estás tú, cuéntanos tu caso.
Contenido original de @natscholibre · Natalie Kusnik